Representantes de una empresa sentados en círculo con dirigentes de la comunidad en una sede comunitaria, junto a una carpeta olvidada sobre una silla vacía.

Tener permisos vigentes no significa tener licencia social para operar

Una empresa puede tener todos sus permisos vigentes y aun así operar en condiciones que encarecen cada decisión. Los permisos acreditan que el proyecto cumple con los requisitos legales y técnicos al momento de aprobarse, pero no impiden que quienes viven o trabajan cerca de la operación (vecinos, comunidades, organizaciones locales, municipios) ejerzan resistencia por distintas vías: presentar reclamaciones y recursos ante los tribunales, movilizarse, presionar a las autoridades, aparecer en la prensa o simplemente negarse a colaborar. El resultado es oposición organizada, procesos judiciales que se renuevan y plazos que se extienden sin una causa técnica que los explique.

Esa diferencia entre lo autorizado y lo aceptado es lo que se conoce como licencia social para operar. No es un documento que se obtenga en una oficina, sino el estado de la relación entre la empresa y su entorno, es decir, las personas y organizaciones del territorio donde opera, y cambia con el tiempo sin que medie ningún trámite.

Suele describirse en tres grados, y la distinción es útil en la práctica:

  1. Aceptación: la comunidad tolera la presencia de la empresa; no la respalda, pero tampoco organiza oposición. Es el nivel mínimo y el más frágil.
  2. Aprobación: la comunidad reconoce beneficios concretos y sostiene esa evaluación en el tiempo, por lo que la empresa recibe el beneficio de la duda ante un incidente.
  3. Confianza: la comunidad considera legítimos los intereses de la empresa e incorpora su continuidad como algo propio. Es infrecuente y toma años.

Cada nivel se pierde más rápido de lo que se gana, y se pierde de arriba hacia abajo, sin saltarse etapas. El deterioro suele llegar por cuatro caminos:

  1. El incumplimiento de compromisos menores: el problema casi nunca empieza por un hecho grave, sino por un plazo prometido y no cumplido, que pesa más que un compromiso mayor que nunca se hizo, porque la licencia social se sostiene en la predictibilidad y no en la magnitud.
  2. La asimetría en la información: cuando la comunidad se entera por terceros de algo que la empresa ya sabía, lo que se pierde no es la discusión sobre el hecho, sino la confianza en la relación.
  3. La rotación de interlocutores: cada cambio de gerente de asuntos externos reinicia la conversación, y la comunidad no distingue entre personas, sino que registra que la empresa vuelve a preguntar lo que ya le respondieron.
  4. Confundir consulta con información: convocar a una comunidad para comunicarle una decisión ya tomada produce más deterioro que no convocarla.

Muchas organizaciones tratan la licencia social como un tema de vinculación con el medio, a través de actividades, aportes y presencia en la comunidad. Esas iniciativas pueden ser valiosas, pero no la construyen por sí solas. Lo que la construye es una secuencia más simple y más exigente, repetida durante años: la empresa dice qué va a hacer, lo hace, y cuando no puede hacerlo lo informa antes de que se note. Un programa de aportes que incumple esa secuencia genera resentimiento antes que respaldo, porque instala una expectativa que después no sostiene.

Para evaluarla no hace falta un estudio complejo, basta con cuatro cifras: cuántos de los compromisos asumidos en los últimos veinticuatro meses se cumplieron en el plazo original, cuántos interlocutores de la empresa cambiaron en ese mismo período, cuánto demora la empresa en informar un incidente a la comunidad desde que lo supo internamente, y cuántas veces la comunidad se enteró primero por otra fuente.

Esas cuatro cifras describen la licencia social con más precisión que cualquier encuesta de percepción.

La licencia social no se gestiona con comunicación, sino con cumplimiento, y se comunica para que ese cumplimiento sea verificable. Invertir ese orden es la forma más frecuente y más cara de perderla.

Comparte este artículo